<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Maneras de Bien Soñar &#187; Mertens</title>
	<atom:link href="http://revistamaneras.com.ar/tag/mertens/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://revistamaneras.com.ar</link>
	<description>Revista digital de literatura y cultura de la palabra</description>
	<lastBuildDate>Fri, 28 Jan 2011 19:24:29 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.0.4</generator>
		<item>
		<title>Los dioses del frio</title>
		<link>http://revistamaneras.com.ar/2008/04/los-dioses-del-frio/</link>
		<comments>http://revistamaneras.com.ar/2008/04/los-dioses-del-frio/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 18 Apr 2008 14:28:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Cintia Vanesa Días</dc:creator>
				<category><![CDATA[Autores]]></category>
		<category><![CDATA[cuento]]></category>
		<category><![CDATA[invierno]]></category>
		<category><![CDATA[Mertens]]></category>
		<category><![CDATA[prosa]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://maneras.turemanso.com.ar/2008/04/18/los-dioses-del-frio/</guid>
		<description><![CDATA[Dedicado a la gente del refugio López por: Cristian Mertens Parte 1: El Morlock - ¿Y abuelo? - Paciencia&#8230; Al poco tiempo Tiara preguntó nuevamente. El abuelo acarició el pelo de la pequeña, entendía su ansiedad. Pocas veces la habían traído al océano. Y ahora, sentados en lo alto del acantilado, se le estaba pidiendo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p class="volanta" style="text-align: center;"><em>Dedicado a la gente del refugio López</em></p>
<p class="titular">
<p class="texto" style="text-align: right;"><strong>por: Cristian Mertens </strong></p>
<p class="subtitulo">
<h3><a href="http://revistamaneras.com.ar/wp-content/uploads/2008/04/nieve.jpg"><img class="aligncenter size-full wp-image-137" title="Los dioses del frío" src="http://revistamaneras.com.ar/wp-content/uploads/2008/04/nieve.jpg" alt="" width="800" height="329" /></a></h3>
<h3 style="text-align: center;">Parte 1: El Morlock</h3>
<p class="texto">- ¿Y abuelo?<br />
- Paciencia&#8230;</p>
<p class="texto">Al poco tiempo Tiara preguntó nuevamente.</p>
<p class="texto">El abuelo acarició el pelo de la pequeña,                        entendía su ansiedad. Pocas veces la habían                        traído al océano. Y ahora, sentados en lo                        alto del acantilado, se le estaba pidiendo quedase quieta.</p>
<p class="texto">- No te preocupes dijo el anciano: El Morlock                        nunca falta, es algo así como la última señal                        de que el invierno llega.</p>
<p class="texto">- ¿Que es el Invierno Abuelo?</p>
<p class="texto">- El invierno es cuando el sol se oculta                        por mucho, mucho tiempo. Y es cuando viene el gran frío,                        entonces los árboles pierden sus hojas, el agua se                        vuelve como roca y cae un polvo blanco y frío del                        cielo que todo lo cubre.</p>
<p class="texto">El anciano sonrió. Adivinó                        que en la mirada de la pequeña había incredulidad.</p>
<p class="texto">Sobre la bahía del gran mar verde,                        el sol del pueblo de Tiara estaba desapareciendo detrás                        del horizonte. La niña había nacido ese verano,                        y nunca había visto el sol languidecer, en el magnifico                        ocaso que tiñe el cielo con tonos púrpuras                        y naranjas.</p>
<p class="texto">El murmuro de un grupo de gente cercano interrumpió                        la conversación: algo se movía en medio de                        la bahía. Al principio solo fueron unas burbujas,                        luego el mar se agitó más y más hasta                        que de pronto el Morlock saltó fuera del agua.</p>
<p class="texto"><span id="more-53"></span>Era un pez inmenso, cuyas escamas doradas                        fulguraban en la tenue luz. Tal fue su impulso que por un                        momento quedó completamente suspendido en el aire.                        Sus aletas eran transparentes, verdosas, venosas. Su boca,                        inmensa, de la cual pendían largos bigotes, anillados                        de diferentes colores.</p>
<p class="texto">Cayó estrepitosamente, y la ola que                        generó llegó hasta los bordes de la bahía.</p>
<p class="texto">El Morlock solo se asomó un par de                        veces mas, y luego desapareció.</p>
<p class="texto">El silencio volvió al lugar, solo                        se oía algunas aves que no habían emigrado                        aún. Toda la gente se había parado ya, y uno                        por uno se fueron dando vuelta, murmurando entre sí                        su satisfacción de haber visto la enorme criatura.</p>
<p class="texto">Tiara y el anciano llegaron al pueblo últimos.                        La curiosidad de ella por cada detalle del campo, y las                        articulaciones arrumbadas de él los habían                        atrasado. La madre de Tiara los estaba buscando con impaciencia.</p>
<p class="texto">- ¡Por fin llegaron! ¡Ya todos                        están preparándose y ustedes dos andan paseando                        por allí!</p>
<p class="texto">- ¡Mamá! ¡Vimos un pez                        enorme que salió del mar que tenía una boca                        gigantesca y unos grandes bigotes de todos los colores!</p>
<p class="texto">La mirada de Zonefría hacía                        su suegro no necesitaba mayores comentarios.</p>
<p class="texto">- Es que ella insistió, dijo él,                        y pensé que sería un lindo recuerdo antes                        del sueño.</p>
<p class="texto">- ¡El mar es de los demonios, replicó                        ella, y todo lo que hay en ellos también! ¡No                        quiero que se llene la cabeza de la niña con semejantes                        cosas! ¡Ella debería estar ayudándome                        a preparar el Cock!</p>
<p class="texto">El Cock era el gran sueño, la hibernación.                        Pero a su vez era una bebida pastosa que ayudaba a entrar                        en estado letárgico. Todas las familias del pueblo                        la preparan en una suerte de ritual que se transmitía                        de generación en generación. Si bien los ingredientes                        básicos no eran un misterio, en gran parte canela,                        trigo machacado y las bayas de un arbusto que crecía                        en la zona (y que en realidad era el responsable del sueño),                        cada familia preparaba el Kock de manera diferente.</p>
<p class="texto">Y como cada temporada, la preparación                        del Kock y el invierno que se acercaba rápidamente                        había inmerso el pueblo en un frenesí poco                        común para esa gente que era habitualmente de lo                        más tranquila. Algunos sellaban las ventanas de las                        grandes casas blancas y redondas con alquitrán. Otros                        iban y venían por las calles inusualmente saturadas.                        De vez en cuando se veía pasar un carro repleto de                        víveres y se sabía que iban hacia el gran                        monolito.</p>
<p class="texto">El gran monolito había sido levantado                        por los dioses de la noche, sobre una pequeña colina                        que reinaba en el centro del pueblo. En una de las dos caras                        del monolito los dioses habían escrito indescifrables                        y misteriosas frases. En la otra cara, los pueblerinos habían                        dibujado (escribían en hieroglíficos) alabanzas                        de agradecimiento y plegarias de protección. Y cada                        invierno que se acercaba, depositaban al pie de la colina                        una gran cantidad de semillas, cera, toneles de miel, vino,                        aceitunas, cueros y lana de animales, aún manualidades                        como alforjas de barro cocido, carros de madera, instrumentos                        para arar y vestidos de lino fino. A su vez, los dioses                        dejaban cada primavera pescado, algas secas, instrumentos                        de música, y hasta huesos labrados finamente con                        formas de animales monstruosos. También cuchillos,                        herramientas, estatuillas de bronce, de plata y de oro.                        A veces los dioses dejaban extraños objetos cuyo                        propósito escapaba a los pueblerinos.</p>
<p class="texto">El interior de la casa de Tiara era fresco                        como todos los hogares del pueblo. Las construcciones eran                        circulares, pero como en este caso, la familia era grande                        por lo que tenia 4 domos pegados unos al otro, pintados                        con cal blanca.</p>
<p class="texto">Pkiolckek, el padre de la niña, estaba                        trepado a una escalera cuando esta entró. Estaba                        tapando con brea una apertura de ventilación.</p>
<p class="texto">- ¡Papá! ¡Vi un pez enorme,                        el abuelo me llevó!</p>
<p class="texto">- ¿El Morlock? Sonrió el padre</p>
<p class="texto">- ¡Sí! Era inmenso, y bello.</p>
<p class="texto">- Tu abuelo me llevó cuando tenía                        mas o menos tu edad. ¡Tuve que esperar casi todo un                        día para que aparezca, y cuando por fin saltó                        el abuelo se había dormido!</p>
<p class="texto">- ¿¡Porque no terminas de cerrar                        las aperturas en vez de contar esas ridículas historias!?                        Protesto Zonefría.</p>
<p class="texto">Pkiolckek suspiró.</p>
<p class="texto">- No sé para que me esfuerzo tanto,                        si los dioses destapan estas aperturas cada invierno.</p>
<p class="texto">- Los dioses entran a nuestra casa??? Preguntó                        Tiara, cuya mirada brillaba como cuando vio al Morlock.</p>
<p class="texto">- Bueno hija, trato de calmarla Zonefría,                        los dioses están por todos lados, a veces cambian                        las cosas de lugar, a veces se llevan a alguno de nosotros,                        especialmente los mas ancianos (y dijo esto recalcándolo                        lentamente y mirando a su suegro) y a veces nos regalan                        hijos, que nos nacen cuando estamos dormidos.</p>
<p class="texto">- ¡Y también destapan las aperturas                        de nuestras casas! Se quejó Pkiolckek</p>
<p class="texto">- ¡Por favor! ¡Deja de decir                        esas cosas, solo vas a lograr que los dioses se enojen con                        nosotros! Dijo Zonefria luego de lo cual arrastró                        a Tiara hasta la cocina.</p>
<p class="texto">Allí el ambiente era diferente. La                        luz tenue y rojiza del sol entraba por las aperturas mal                        selladas de las grandes aperturas que ofrecían de                        ventana. En una marmita, hervía un caldo espeso,                        amarillento y granuloso.</p>
<p class="texto">- Este, dijo Zonefria, es el Kock.</p>
<p class="texto">La niña miró un instante el                        interior de la olla de cobre. Las burbujas explotaban lentamente                        en la superficie de la poción, el hedor la hacía                        pensar en una</p>
<p class="subtitulo">
<h3 style="text-align: center;">Parte 2: Los preparativos</h3>
<p><span class="texto">Llegó el momento. Cada miembro                        de la familia se acostó en su nicho, que eran como                        unas aperturas o molduras hechas directamente sobre las                        paredes blancas. Tiara, sus hermanas y el abuelo estaban                        dispuestos relativamente cerca, alrededor del hogar a leña,                        en la sala principal. Los padres, en cambio, estaban un                        poco mas apartados; tenían un nicho grande al cual                        había que acceder por una pequeña escalera                        y cuya entrada estaba absolutamente prohibida para los demás.</span></p>
<p class="texto">Los nichos tenían un colchón                        hecho de algodón y paja. A veces poseían unas                        pequeñas repisas en las cuales se colocaban objetos                        personales.</p>
<p class="texto">Tiara estaba acostada sobre su vientre. Semi-tapada                        con una fina sabana de lino, veía como sus dos hermanas                        menores, mellizas, murmuraban entre ellas de un nicho al                        otro (pese a la interdicción de la madre) La hermana                        mayor, en cambio, jugaba en silencio con una muñeca                        de trapo. El abuelo se lamentaba de sus dolores de articulaciones,                        y buscaba una mejor posición dentro de su nicho.</p>
<p class="texto">Zonefria estaba aún en la cocina y                        vertía el Cock en pequeños tazones individuales.                        Pronto le trajo a cada uno, incluido al padre, el brebaje.</p>
<p class="texto">El Cock era difícil de beber, había                        que hacerlo de a pequeños sorbos ya que era espeso                        y caliente. Una vez en la garganta, producía un efecto                        entumecedor, cerraba en parte las vías respiratorias,                        y era, además, un sedante poderoso.</p>
<p class="texto">Tiara miró con recelo el brebaje violeta,                        en la pequeña taza de barro. Lo olió con desconfianza                        y lo apartó rápidamente, tal fue la repulsión                        que le causó.</p>
<p class="texto">Escuchaba los murmuros, las rizas apagadas,                        los pasos incansables de Zonefria, el crepitar del fuego,                        veía la luz tenue del día que aún entraba                        por algunas fisuras de las paredes.</p>
<p class="texto">Las primeras en dormirse fueron las mellizas.                        Luego la hermana mayor, que ya había vivido un invierno.                        Luego el abuelo. Después todo fue silencio, solo                        faltaba la madre, que era siempre la última en dormirse.</p>
<p class="texto">Pero Tiara no tomó su Cock. Por lo                        contrario volcó el contenido en una hendidura de                        su nicho, y fingió dormirse.</p>
<p class="texto">Para ella solo era un juego.</p>
<p class="texto">Quería ver a los dioses entrar.</p>
<p class="texto">Terminó durmiéndose, cansada                        de esperar.</p>
<h3 style="text-align: center;">Parte 3: El Invierno</h3>
<p class="texto">Cuando despertó estaba titiritando. El fuego del                        hogar se había apagado hacía mucho tiempo.                        Ya no entraba luz por las fisuras.</p>
<p class="texto">- ¿Mami?</p>
<p class="texto">No hubo respuesta.</p>
<p class="texto">- ¿Mami?</p>
<p class="texto">Solo escuchó el viento que afuera                        soplaba con fuerza.</p>
<p class="texto">Lo primero que tuvo que hacer fue envolverse en la alfombra                        de piel blanca que estaba en la sala. Luego, a duras penas,                        logró encender una lámpara, volcó un                        poco de su aceite en leños nuevos y de ese modo encendió                        el fuego.</p>
<p class="texto">Se detuvo a mirar su casa. Que extraño                        parecía todo ahora, no había ruidos, no había                        luz. Subió hasta el nicho de sus padres y los encontró                        abrazados y durmiendo. Revisó cada nicho y observó                        que toda su familia tenía la piel azulada, los ojos                        pegados, la boca abierta y seca, y no lamentó haberse                        quedado despierta.</p>
<p class="texto">Nunca había cocido, sin embargo se                        las ingenió para hacerse un abrigo, pantalones, guantes                        y aún unas botas, con telas y pieles que fue arrancando                        de varios lugares de la casa. Claro que la ropa le colgaba                        de un lado y le apretaba del otro ¡pero abrigaba!</p>
<p class="texto">Luego, se animó a salir.</p>
<p class="texto">Soplaba un viento huracanado. Ya no había                        nada de luz pero por vez primera, un Bjon veía un                        cielo sin sol, negro como las piedras de la cantera, y cubierto                        de una cantidad infinita de pequeñas luces que parpadeaban.                        No existía en su idioma una palabra para estrellas,                        como tampoco existe en el nuestro una palabra para describir                        el asombro de Tiara.</p>
<p class="texto">Ya no podía divisar las montañas,                        las adivinaba por sus perfiles que recortaban el cielo estrellado.</p>
<p class="texto">Poco a poco su viste se acostumbró                        a la tenue luz estelar, y pudo distinguir la calle y algunas                        casas vecinas. Los árboles estaban desnudos, el viento                        los sacudía sin merced, las calles desiertas, no                        escuchaba a los pájaros, ni a los niños jugar,                        no había nada mas que desolación, y Tiara                        se sintió sola.</p>
<p class="texto">Continuó vagando por las calles de                        la ciudad. Muchas veces pensó escuchar a alguien,                        pero solo eran efectos del viento. A un momento dado, le                        pareció ver, en una esquina, ver algo pasar rápidamente                        de un lado al otro. Corrió hasta el lugar, pero solo                        había tinieblas. Cuándo se dio vuelta ¡algo                        se le abalanzaba encima! Gritó de espanto, pero el                        arbusto seco, arrastrado por el viento, solo le pasó                        cerca.</p>
<p class="texto">Tiara se encerró en su casa por mucho                        tiempo. Cada vez sentía mas frío. Tapó                        gritas, cocinó. Cortó madrea, tejió                        mas prendas.</p>
<p class="texto">De vez en cuando observaba a los suyos. Sus                        cuerpos estaban helados, y se les había formado como                        una extraña capa de grasa que los cubría como                        una piel. Los rasgos de sus rostros se perdían, apenas                        se distinguían los dedos de sus manos.</p>
<p class="texto">Una vez, Tiara fue a buscar una jarra a la                        cocina. Se sorprendió mucho al encontrar dentro una                        piedra cristalina, totalmente encastrada dentro de la jarra.                        ¿Serán los dioses? pensó. Toco el interior                        de la jarra y eso pareció quemarle los dedos. Parecía                        como un enorme diamante, atravesado por una infinidad de                        grietas azuladas. Pronto descubrió que toda el agua                        almacenada en la casa se había convertido en piedra,                        pero que ese hechizo desaparecía cuando se acercaba                        el agua al calor del fuego.</p>
<p class="texto">Quiso ver la calle. Se abrigó mucho                        y se dispuso a salir. Pero por más que lo intentó,                        no logró abrir la puerta. Terminó destapando                        una de las aperturas selladas por su padre, y descubrió,                        anonadada, que toda la ciudad estaba cubierta por un polvo                        blanco que caía del cielo.</p>
<p class="texto">- Entonces era cierto</p>
<p class="texto">Ahora podía distinguir la ciudad entera,                        el valle, las montañas. Todo estaba recubierto de                        nieve. Pero lo que le pareció increíble fue                        ver, a lo lejos, que el océano también se                        había vuelto blanco.</p>
<p class="texto">La temperatura siguió bajando, y Tiara                        tuvo que aprender a sobrevivir por si sola. Ya no se movía                        de delante del fuego, salvo para buscar mas leña                        o comida. Combatía la soledad y el silencio del mismo                        modo que combatía el frío, cantando y tejiendo;                        de hecho se había convertido en una experta tejedora.                        Aguardó así, pacientemente, por mucho tiempo                        la llegada de los dioses.</p>
<p class="texto">Y fue así, que en un momento dado,                        una mano helada se posó sobre su hombro.</p>
<p class="texto">Se paró de un salto y descubrió,                        horrorizada, un ser de mediana estatura que la observaba.                        Su piel era prácticamente blanca, sus ojos amarillos                        y negros, desmesuradamente grandes, su boca chica. Pero                        lo que más le impresionó eran sus largos dedos                        verdosos y sus uñas negras.</p>
<p class="texto">El ser gruñía palabras incomprensibles,                        pero resultaba obvio que estaba tan asustado como Tiara.                        De su piel caían como trozos de cuero. Por un momento                        permanecieron en silencio, mirándose. Entonces el                        rostro de Tiara empalideció. Buscó con la                        mirada en cada nicho que tenía cerca, hasta que descubrió                        que la escalera del nicho de sus padres había sido                        movida. Largas fetas de piel grasosa pendían de ella.</p>
<p class="texto">Volvió a observar al ser, se fijó                        en sus brazaletes, es la poca ropa que llevaba, vio que                        se trataba de una hembra &#8230; Y Tiara reconoció a                        su madre.</p>
<h3 style="text-align: center;">Parte 4: los dioses del                        frío</h3>
<p class="texto">Zonefria se arrodilló delante de Tiara. Tiara lloraba                        y se tapaba la boca para no gritar, mientras Zonefria seguía                        balbuceando frases inteligibles.</p>
<p class="texto">Se escuchó un ruido, era el abuelo                        que estaba despertando, lentamente emergió de su                        nicho. Al igual que Zonefria, el anciano estaba transformado,                        sus ojos enormes apabullados por la aparición de                        Tiara, a quien consideró de inmediato una diosa del                        día.</p>
<p class="texto">Pronto, toda la familia había despertado.                        Les incomodaba la luz del hogar, se habían reunido                        en la cocina, y Tiara los escuchaba discutir entre si. Al                        tiempo, llega la madre con una bandeja de comida prolijamente                        dispuesta. Tiara la aceptó, (pero nada tenía                        que ver con lo que Zonefria le solía cocinar) y cuando                        tomó la bandeja la madre se postro delante de ella.</p>
<p class="texto">- Mami, no &#8230; Tiara intentó disuadirla.                        La asió del brazo para levantarla, pero al sentir                        su cuerpo helado la soltó. Zonefria por su lado,                        se quedó tocando el brazo, como si el contacto con                        Tiara la hubiese quemado.</p>
<p class="texto">Se escuchó un estruendo. Era el padre                        que había logrado desbloquear la puerta. Un frío                        polar entraba, pero las niñas no parecían                        inmutarse con el contacto de la nieve y el hielo, todo lo                        contrario, gritaban de alegría y con sus uñas                        terminaron cavando un túnel que llegó hasta                        la calle. Afuera se escuchaban los gritos de otros niños.</p>
<p class="texto">El padre salió también, y volvió                        un poco mas tarde acompañado con el que Tiara adivinó                        ser el gobernador.</p>
<p class="texto">Ambos se postraron ante ella. Y ella, paciente,                        intentó por muchos medios hacerles entender quien                        era, pero era obvio que no la entendían mas que ella                        a ellos. Les señaló su nicho, y por respuesta                        ellos sonrieron.</p>
<p class="texto">- ¿Habrán entendido? se preguntó                        desconfiada.</p>
<p class="texto">El gobernador golpeo dos veces las manos,                        y apareció un asistente. Al tiempo habían                        llenado el nicho finas telas y joyas &#8230;</p>
<p class="texto">Tiara suspiró.</p>
<p class="texto">El desfile de gente fue continuo. Venían,                        se postraban, decían palabras incomprensibles, dejan                        sus ofrendas y se iban contentos. Zonefria observaba seria                        como se iba llenando su salón de objetos de los mas                        diversos.</p>
<p class="texto">Pero lo peor de todo, fue que a un momento                        dado, una persona vino con un niño. Este tenía                        uno de sus ojos cerrados. Aparentemente, después                        de la hibernación su ojo no había logrado                        abrirse. El padre se arrodillo ante Tiara, y luego le presentó                        a su hijo.</p>
<p class="texto">- ¿Pero? ¿Y que se supone que                        tengo que hacer?</p>
<p class="texto">El niño estaba asustadísimo                        ante el rostro extraño de la diosa del día.                        Para él los ojos de Tiara era diminutos, su piel                        horrorosamente oscura, sus dedos cortos, prácticamente                        sin uñas. ¡Toda una bruja!</p>
<p class="texto">Tiara observó alrededor de ella. Todos                        estaban contemplando la escena. Finalmente, suspiró,                        atrajo al pequeño hacia ella (casi a la fuerza) e                        intentó ver que le pasaba en el ojo. Pero quizá                        por el contacto de la piel caliente de Tiara, quizá                        por el terror que sintió el pequeño, el ojo                        se abrió, grande, profundo, con la mirada de la gente                        del frío. El chico corrió hacia su padre,                        y al ver el milagro todos se arrodillaron, y cantaron con                        sus voces roncas por un largo rato. Tiara se agarraba la                        cabeza entre las manos &#8230;</p>
<p class="texto">Pasó bastante tiempo antes de que Tiara aprendiese                        algunas palabras de la gente del frío. Comida, plato,                        nieve, frió, fuego &#8230; Le costó mucho mas                        pronunciarlas.</p>
<p class="texto">Impidió (por todos los medios) que                        abrieran las aperturas selladas, y ellos terminaron entendiendo                        que Tiara tenía frío. Trajeron entonces mucha                        leña y muchas pieles. Vinieron ancianas y cocieron                        gran cantidad de botas, prendas, guantes muy gruesos.</p>
<p class="texto">Después de un tiempo, notó                        que incorporaban pescado a sus dietas. Obviamente la gente                        del frío eran cazadores y pescadores, no agricultores.</p>
<p class="texto">A un momento dado, quisieron llevar a Tiara                        afuera de la casa. En un principio esta se negó,                        pero era tal el entusiasmo de esta gente que no pudo negarse.                        Se abrigó triplemente, y subió por la apertura                        de nieve, a la cual se le habían esculpido unos escalones.                        Al salir respiró el aire helado y puro de la larga                        noche. La inmensidad de estrellas parecía aun mayor.                        Pero quedó anonadada al contemplar que sobre el cielo                        se formaban largas líneas de colores que parecían                        bailar de un lugar a otro. La gente del frío aplaudía                        el espectáculo, siendo las auroras boreales seguramente                        un buen augurio para ellos.</p>
<p class="texto">Después de esa experiencia, Tiara                        se animó a salir de vez en cuando a la calle, en                        los momentos donde el viento no soplaba.</p>
<p class="texto">Terminó dominando el idioma de la                        gente del frío. Cuando se sintió lista, pidió                        a los ancianos y a sus padres reunirse con ella en el salón                        de Zonefria.</p>
<p class="subtitulo">
<h3 style="text-align: center;">Parte 5: la diosa del día</h3>
<p class="texto">- Lo que les voy a decir articulaba Tiara con dificultad                        es algo que sin duda los sorprenderá mucho</p>
<p class="texto">Había un gran silencio respetuoso                        en la sala, el gobernador estaba sentado en primera fila.</p>
<p class="texto">- Bien dudó Tiara para empezar, yo                        no soy una diosa</p>
<p class="texto">Hubo en ese momento un murmuro entre la gente                        del frío. Hasta se escuchó una riza entre                        aquellos que estaban cerca de la puerta.</p>
<p class="texto">- Yo dijo con solemnidad, mientras abría                        los brazos hacia sus padres soy hija de ustedes</p>
<p class="texto">Se escucharon entonces gritos, vociferaciones.                        Algunos se pararon.</p>
<p class="texto">- ¡Los dioses nos están probando!</p>
<p class="texto">- ¡Eso no puede ser! ¿Acaso                        ellos pueden engendrar dioses?</p>
<p class="texto">Le costó muchísimo a Tiara                        hacer que todos se calmaran.</p>
<p class="texto">- Déjenme explicarles, o al menos                        decirles lo que yo creo es la explicación</p>
<p class="texto">- ¡No vamos a escuchar tus tentaciones,                        diosa mentirosa! gritó un anciano desde el fondo.</p>
<p class="texto">- Por favor, por favor pidió el gobernador                        déjenla hablar</p>
<p class="texto">- Sé que esto es difícil. Lo                        fue también para mi. Mi nombre es Tiara , nací                        este verano de Zonefria y Pkiolckek que ustedes llaman Abú                        y Kor. Cuando el sol se ocultó, mi familia y yo nos                        dispusimos a beber el Cock, que es un preparado que nos                        hace invernar. O al menos así lo creíamos.                        Yo quería ver a los dioses de la noche, así                        que engañe a mi madre y tiré el Cock. Sobreviví                        al frío de milagro, hasta que ustedes despertaron.                        Ustedes son nosotros, son los dioses de la noche, son los                        dioses del día.</p>
<p class="texto">Hubo esta vez un gran silencio.</p>
<p class="texto">Después de un tiempo, uno de los ancianos                        pidió la palabra.</p>
<p class="texto">- Por un momento les pido que supongamos                        que las palabras de la diosa son ciertas. Quiero decir de                        Tiara y al decir esto sonrió a la joven Supongamos                        por un momento que nuestros cuerpos se transforman para                        adaptarse al calor y al frío. Pasamos a tener ojos                        pequeños cuando hay luz, sangre fría en el                        helado invierno, se transforman las manos, la piel &#8230; supongamos                        que en esa tremenda transformación física,                        también perdamos la memoria. Supongamos por último                        &#8230; y al decir esto hizo un silencio &#8230; que por cientos                        de años hemos estando creyendo en los dioses del                        día y de la noche, cuando éramos nosotros                        mismos</p>
<p class="texto">- Eso explicaría porque algunos desaparecen                        durante el día dijo un anciano.</p>
<p class="texto">- Y porque algunos nacen agregó el                        que estaba hablando eso, en realidad explicaría muchas                        cosas</p>
<p class="texto">- Pero de ser así dijo aquel que se                        había indignado anteriormente ¿qué                        hay de del dolmen? ¿qué de las escrituras                        místicas? ¿qué de las ofrendas?</p>
<p class="texto">Zonefria se paró. Se acercó                        a Tiara.</p>
<p class="texto">- Me temo dijo en voz bien alta que hemos                        estado ofrendándonos y escribiéndonos a nosotros                        mismos</p>
<p class="texto">Miró a Tiara, la tomó de los                        brazos y dijo:</p>
<p class="texto">- Siempre sospeché que había                        algo entre nosotras</p>
<p class="texto">Entonces Tiara se hundió en los brazos                        de su madre y lloró profundamente. La madre hizo                        un visible esfuerzo para aguantar el calor del cuerpo de                        Tiara.</p>
<p class="texto">- ¿Cómo me vas a llamar el                        próximo invierno, mamá? preguntó por                        fin con el rostro bañado en lágrimas.</p>
<p class="texto">- Querida, por ser la primera en visitar                        ambos mundos, mereces llamarte del mismo modo en ambos pueblos.,                        con el mas lindo de los nombres: Tiara</p>
<p class="texto">
<h3 style="text-align: center;">Parte 6: el día</h3>
<p class="texto">Cuando empezó el calor y el sol fue aclarando el                        cielo detrás del horizonte, Tiara vio como su familia                        seguía un ritual muy similar al Cock (pero esta vez                        con una mezcla de cola de pescado)</p>
<p class="texto">Para ese entonces Tiara había aprendido                        a leer y escribir en el idioma de la gente del frío.</p>
<p class="texto">Y cuando su pueblo despertó, trajo                        consigo gran cantidad de rollos, en los cuales los ancianos                        del frío habían comenzado a transcribir s                        sabiduría.</p>
<p class="texto">Le costó, quizá, mas trabajo                        convencer a los ancianos del día que de la noche.                        Pero poseía gran habilidad para manear los instrumentos                        de los dioses del frío, leer sus escrituras, contarles                        quien y porque habían muerto y nacido ese invierno.</p>
<p class="texto">Ya no era una niña, se había                        convertido en una mujer, y hasta su muerte fue quien llevó                        la comunicación entre los dos mundos. Ya no se trataban                        de ofrendas sino de intercambios de materia prima útil                        para cada estación. Y, ante cada invierno, aun cuando                        era muy anciana y que sus articulaciones le dolían                        mucho, nunca dejó de llevar a sus nietos a ver el                        saludo del Morlock.</p>
<p><span class="texto">Aun hoy, cuando los pueblos encontraron                        la cura para la memoria, la estatua de Tiara está                        erigida junto al dolmen, en el valle de los Bjon.<br />
</span></p>
<p><!-- InstanceEndEditable --> <!-- #BeginLibraryItem "/Library/3 publicidad-agua-fotter.lbi" --></p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://revistamaneras.com.ar/2008/04/los-dioses-del-frio/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

