Por: Antón Chéjov

A tres kilómetros de la aldea de Obruchanovo se construía un puente sobre el río.

Desde la aldea, situada en lo más eminente de la ribera alta, divisábanse las obras. En los días de invierno, el aspecto del fino armazón metálico del puente y del andamiaje, albos de nieve, era casi fantástico.

A veces, pasaba a través de la aldea, en un cochecillo, el ingeniero Kucherov, encargado de la construcción del puente. Era un hombre fuerte, ancho de hombros, con una gran barba, y tocado con una gorra, como un simple obrero.

De cuando en cuando aparecían en Obruchanovo algunos descamisados que trabajaban a las órdenes del ingeniero. Mendigaban, hacían rabiar a las mujeres y a veces robaban.

Pero, en general, los días se deslizaban en la aldea apacibles, tranquilos, y la construcción del puente no turbaba en lo más mínimo la vida de los aldeanos. Por la noche encendíanse hogueras alrededor del puente, y llegaban, en alas del viento, a Obruchanovo las canciones de los obreros. En los días de calma se oía, apagado por la distancia, el ruido de los trabajos.

Un día, el ingeniero Kucherov recibió la visita de su mujer.

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Por: Julio Cortázar

Dejando de lado los motivos, atengámonos a la manera correcta de llorar, entendiendo por esto un llanto que no ingrese en el escándalo, ni que insulte a la sonrisa con su paralela y torpe semejanza. El llanto medio u ordinario consiste en una contracción general del rostro y un sonido espasmódico acompañado de lágrimas y mocos, estos últimos al final, pues el llanto se acaba en el momento en que uno se suena enérgicamente.

Para llorar, dirija la imaginación hacia usted mismo, y si esto le resulta imposible por haber contraído el hábito de creer en el mundo exterior, piense en un pato cubierto de hormigas o en esos golfos del estrecho de Magallanes en los que no entra nadie, nunca.

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Dedicado a la gente del refugio López

por: Cristian Mertens

Parte 1: El Morlock

- ¿Y abuelo?
- Paciencia…

Al poco tiempo Tiara preguntó nuevamente.

El abuelo acarició el pelo de la pequeña, entendía su ansiedad. Pocas veces la habían traído al océano. Y ahora, sentados en lo alto del acantilado, se le estaba pidiendo quedase quieta.

- No te preocupes dijo el anciano: El Morlock nunca falta, es algo así como la última señal de que el invierno llega.

- ¿Que es el Invierno Abuelo?

- El invierno es cuando el sol se oculta por mucho, mucho tiempo. Y es cuando viene el gran frío, entonces los árboles pierden sus hojas, el agua se vuelve como roca y cae un polvo blanco y frío del cielo que todo lo cubre.

El anciano sonrió. Adivinó que en la mirada de la pequeña había incredulidad.

Sobre la bahía del gran mar verde, el sol del pueblo de Tiara estaba desapareciendo detrás del horizonte. La niña había nacido ese verano, y nunca había visto el sol languidecer, en el magnifico ocaso que tiñe el cielo con tonos púrpuras y naranjas.

El murmuro de un grupo de gente cercano interrumpió la conversación: algo se movía en medio de la bahía. Al principio solo fueron unas burbujas, luego el mar se agitó más y más hasta que de pronto el Morlock saltó fuera del agua.

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