La lluvia
Apr 17th, 2008 | por Cintia Vanesa Días | Columna: Autores
Por: SoLCiTo
La lluvia se abatía sin piedad sobre el jardín. Después de tantos días de calor y humedad insoportables la bóveda grisácea al fin había enviado el chapuzón. Abandonó por un instante el libro que leía y suspiró con la mirada perdida en un horizonte remoto e inexistente. Y si fuera cierto? si fuera verdad y todo aquello era pura evasión y desatino? Sacudió la cabeza tratando de alejar esos pensamientos que le impedían continuar con la lectura.
“… Acaso el glorioso ejercito no necesita a su jefe ahora más que nunca? quién si no puede levantarlo? Esa noche Emes vaga por la ciudad y luego -todavía bajo la lluvia- sale a la playa.”
“La lluvia”… sí, cómo llovía!! parecía que el cielo se caía a pedazos. Bueno, mucho mejor, así podía disfrutar de la lectura. Con esa lluvia nadie iba a insistirle que hiciera otra cosa que leer. Y si fuera cierto? si fuera verdad y todo aquello era pura evasión y desatino? Se calzó de nuevo los anteojos y siguió leyendo.
“Allí abajo las tiendas empapadas, los soldados yacen sobre la arena mojada o están reunidos alrededor de hogueras, que en el mejor de los casos, no son más que brasas de madera húmeda. Beben vino amargo, mezclado con agua salobre y comen sus últimas provisiones.”
Y si fuera cierto? si fuera verdad y todo aquello era pura evasión y desatino?
Cómo podría serlo! que locura pensar siquiera en eso! Si ella supiera qué sensación tan placentera lo embargaba cuando podía leer despreocupadamente, no diría tantas insensateces y cuidaría más sus palabras. Aquello era puro gozo y de evasión tenía sólo las ganas de esa mujer de arruinarle los pocos resabios de felicidad que le quedaban en la vida; como si todos tuvieran que sentir las mismas cosas en momentos similares. Después de todo quién demonios le dijo a ella que él era un tipo común¿qué ella no era capaz de darse cuenta que él NO era un tipo común?… detestaba la mediocridad, tenía demasiado para dar como para considerarse alguien común y actuar en consecuencia. Hizo un gesto y volvió a fijar la vista en el libro.
“Emes entra sigilosamente en el campamento, que es pequeño, poco más que un pequeño caos”
“Caos” susurró inconscientemente, “eso es!!! CAOS!!” eso es lo que pretendía evitar después de todo. Sería imperdonable que alguien comenzara a manejarle la vida, estaba bien así y no quería modificar el entorno de su tranquilidad, su pequeño universo organizado, sus esquemas conocidos. Quién se creía ella al irrumpir así en SU vida… ¿Se había mostrado cruel cuando habló la última vez con ella? ahora le asaltaba la duda… y si él había malinterpretado todo y había sido innecesaria aquella conducta seca e insensible? Mucho mejor, no tenía ganas de comenzar una nueva amistad, eso implicaría restarle tiempo a sus cosas y también significaba cierta responsabilidad. Él no estaba preparado para eso, le aterraba la idea de confiar en alguien; después de todo él le había contado algunas cosas y ella… ella había callado? cómo podría estar nunca seguro de eso. Es verdad que ella le había confesado sus proyectos y algunos secretitos. Sonrió imperceptiblemente. Y habían pasado unos lindos momentos juntos, era agradable charlar, se sentía una relativa liviandad… pero no podía evitar esa sensación de incomodidad que lo arrojaba como un rayo fuera de su sitio, quería huir, correr lejos de allí. De hecho lo hacía.
¿Por qué? ¿Qué era lo que en ella le producía deseos de escapar?¿ serían sus ojos profundos en los que se ahogaba sin querer y se veía perdido sin remedio? ¿sería acaso su sonrisa hechicera? o la forma en que movía sus manos ? quizás su voz dulce, tal vez la forma en que ella se sentaba: mitad niña, mitad mujer … o acaso sería todo eso a la vez.
Se sentía desfallecer súbitamente y sin razón. Si después de todo ella no lo atraía en lo absoluto, solo disfrutaba a medias de su manera de contar las cosas con una vivacidad y una pasión sin igual… pero no le gustaba, ni siquiera cuando lo observaba mientras él relataba alguna hazaña, y si se ponía nervioso era porque no le gustaba que lo miraran fijamente y de manera tan abierta. Se sentía expuesto, ella osaba abrir ese cofre misterioso en su mente. ¿Qué sería de él sin sus secretos y sus silencios? Por Dios!!!! que sería si dejaba de ser el muchachito estudioso y reservado que todos conocían!!!???
Suspiró profundamente y retomó la lectura :
“Siente que nadie daría la bienvenida a un muchacho de 12 años, aunque esté muy crecido para su edad. Siente también que a un muchacho de 12 años le harían cosas terribles; que como las siseantes brasas en las hogueras, en el ejército derrotado brilla una predisposición a la violencia…”
Por qué??? por qué había entrado en su vida, si todo estaba tan prolijamente ordenado, lo blanco era blanco y lo negro, negro… nadie cuestionaba su forma de ser y era más bien admirado por su perseverancia y su capacidad intelectual. Deseaba que ella se esfumara de su vida para siempre, que todo volviera a ser como era.
Quería dejar de sentir esa emoción indefinida que odiaba. En su familia había pasado por momentos duros, no obstante no eran los momentos los que lo asustaban, sino las emociones que surgían de ellos. Ese caudal de sensaciones indefinidas e incertidumbres lo abrumaban hasta el punto de impedirle pensar.
Por qué ella insistía una y otra vez, es que no entendía que él había renunciado a vivir la vida de los humanos por aferrarse a un puñado de seguridad? Ella insistía una y otra vez mientras él veía cómo su pequeño mundo de felicidad se desbarataba, se desvanecía conforme transcurría el tiempo de su existencia. No era que ella lo llamara siempre, es más hacía mucho que no hablaban, pero su silencio prolongado era sin dudas su forma de decir que estaba en desacuerdo con la forma en que él manejaba las cosas. Él no iba a abandonar sus costumbres ni a las figuras conocidas de la infancia. No quería.
¿Temía sufrir? ¿Le aterraba cambiar? ¿Se rehusaba a crecer? Lo que fuera, no le importaba.
El tiempo se deslizaba a través suyo como si él no existiera, pero modificaba su universo cercano de una forma en la que no le encontraba gracia alguna: con sufrimiento.
La lluvia se había vuelto insostenible a la mirada y cerró la ventana para no mojarse. Caminó unos cuantos pasos por la habitación como si estuviera buscando algo y volvió a su lugar bajo la ventana. Observó lo poco que quedaba visible desde el vidrio y se dijo que era allí donde quería pasar el resto de sus días. Lejos de las incertidumbres, de las responsabilidades y las exigencias.
Es verdad que él mismo era sumamente exigente consigo mismo, pero bien distinto era que las exigencias vinieran desde el exterior, donde todos eran extraños.
En aquel momento se prometió a si mismo que nunca abandonaría su mundo privado, eso era lo que consideraba propio y no pensaba compartirlo con nadie.
Pero, y si fuera cierto? si fuera verdad y todo aquello era pura evasión y desatino?
… Llovía.
