Igual que el sol
Que ilumina sin pedir explicación
Igual que Dios
Dio su voz y es esa flor que se durmió.
Ojalá, ojalá… Ojalá, ojalá.
Y de la mentira
Necesito siempre ir a la verdad
De la locura a la paz
De mi carne a la libertad.
Ojalá, ojalá… Ojalá, ojalá.
Y de lo irreal
Necesito siempre ir a lo real
De la oscuridad a la luz
De la muerte a la inmortalidad.
Ojalá, ojalá… Ojalá, ojalá.
La tarde está muriendo
como un hogar humilde que se apaga.
Allá, sobre los montes,
quedan algunas brasas.
Y ese árbol roto en el camino blanco
hace llorar de lástima.
¡Dos ramas en el tronco herido, y una
hoja marchita y negra en cada rama!
¿Lloras?… Entre los álamos de oro,
lejos, la sombra del amor te aguarda.
Escrútame los ojos, sorpréndeme la boca,
sujeta entre tus manos esta cabeza loca,
dame de beber veneno, el malvado veneno
que te moja los labios a pesar de ser bueno.



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