Un mundo de ideas perfectas*

La teoría ontológica y cognitiva de Platón y su relación con Mozart

PlatónOcuparse de Platón en estos tiempos tan modernos puede parecer una antigüedad. Sin embargo ello es una ilusión, cmo lo sería ver sólo el follaje de un árbol y desdeñar ocuparse de las raíces y del suelo en que se nutren.

Platón es incomparablemente más “actual” que la mayoría de los autores contemporáneos, si denominamos actual no a quine simplemente mantiene su existencia biológica sino a quien tiene algo que decir y enseñar en nuestro tiempo.

Platón está vivo en cada una de las manifestaciones de la cultura y si no lo notamos es, justamente, porque damos por cosa nuestra lo que en realidad es fruto de nuestra historia. En esta historia Platón es el factor esencial, tan esencial que se puede decir, sin temor a exagerar, que si no hubiese existido Platón seríamos muy diferentes de lo que efectivamente somos. En otras palabras, trazar la historia de la influencia de Platón hasta nuestros días equivaldría a hacer la historia entera de la cultura occidental.

Ahora bien, qué problema plantea Platón?

Aristocles (ese era su verdadero nombre, Platón es sólo un apodo que significa: “hombros anchos” o algo por el estilo) está persuadido que el verdadero saber no puede referirse a lo que cambia, sino a algo permanente, no a lo múltiple, sino a lo uno.

Al llamado conocimiento sensible, es decir, aquel tipo de conocimiento que obtenemos por medio de los sentidos, nodeberíamos llamarlo “conocimiento”, sino meramente opinión, ya que es siempre variante, confuso, contradictorio. Por ejemplo: imaginemos que tenemos un remo en la mano, lo observamos detenidamente y comprobamos que es recto; ahora lo introducimos en el agua y se nos aparece a la vista como si estuviera quebrado. Este tipo de conocimiento es vacilante y contradictorio porque su objeto es vacilante y contradictorio y se encuentra en continuo devenir.

Si nuestro saber se edificase sobre cosas sensibles, la consecuencia sería el relativismo.

Ahora bien, el verdadero conocimiento deberá ser de especie totalmente diferente del que proporcionan los sentidos, es decir: constante, riguroso y permanente.

El objeto de la ciencia (entendemos por ciencia el conocimiento exacto y razonado) debe ser lo uniforme y permanente.

Es decir que frente al cambio y a lo relativo Platón busca lo inmutable y absoluto, lo verdaderamente real, única manera, a su juicio, de hacer posible la ciencia y la moral.

Como lo absoluto e inmutable no se encuentra en el mundo sensible, Platón postula otro mundo, el “Mundo de las Ideas” o “Mundo Inteligible” del que el mundo sensible no es más que copia o imitación.

Analicemos esto más detenidamente. La palabra “Idea” proviene del verbo griego “eido”, que significa “ver”; literalmente idea sería “lo visto”; el aspecto o semblante que algo ofrece a la vista, la figura de algo. Tomemos por ejemplo a una silla, en Platón la palabra alude, n o al aspecto sensible, sino al aspecto intelectual o conceptual con que algo se presenta, siguiendo el ejemplo, el aspecto no de ser cómoda o incómoda, verde o blanca, sino el aspecto de ser “silla” lo cual no es nada que se vea con los ojos físicos ni con ningún otro sentido, sino solamente con la inteligencia, por eso se dice que se trata del aspecto inteligible de la esencia.

Conviene dejar en claro que para Platón las ideas son algo real, las ideas son las únicas cosas reales, más reales que los objetos que usamos todos los días.

Pero si bien las cosas sensibles y las ideas representan dos ordenes diferentes de la realidad, existe entre ambos una relación de semejanza, copia o imitación; relación que al ver las cosas iguales nos permite pensar en la unidad, así como al foto de un amigo lo recordamos ( ya que existe una similitud entre la foto y el individuo). Del mismo, los sonidos armoniosos se asemejan a la armonía, una pintura bella a la belleza, como las cosas buenas al bien. Pero para que al ver el retrato de mi amigo yo me acuerde de él es imprescindible que antes haya conocido a mi amigo, de otra manera no lo reconocería.

Análogamente, no podríamos decir que dos cosas sensibles son iguales si no supiéramos ya – de alguna manera- qué es la igualdad, así como no podemos decir que un objeto es hermoso sin tener incorporado el conocimiento de la belleza. La igualdad, la belleza son el modelo que cada una de estas cosas imita y sólo su conocimiento previo permite reconocerlas como iguales o bellas.

Como en este mundo sensible no se percibe la igualdad ni la belleza -sino sólo se ven cosas contingentes, iguales o bellas- es preciso que el conocimiento de las ideas lo hayamos adquirido “antes” de venir a éste mundo. Antes de nacer, el alma del hombre habitó el mundo de las Ideas, donde las contempló y conoció en su totalidad y pureza.

Al venir a este mundo y a este cuerpo atraviesa un río –el Leteo, el río del olvido- y ese saber suyo de las ideas se olvida quedando latente, de manera que ahora, en ocasión de las cosas sensibles que ve, va recordando más o menos oscuramente. Para Platón “Aprender es recordar”.

En nuestro próxima entrega: ¿Cuáles son los dos mundos de los que nos habla Platón y cuáles son los modos de conocer en ellos?

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* por: Cintia Vanesa Días

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