De paseo por el cerebro de Mozart

Wolfgang Amadeus Mozart declara, a través de sus cartas, que puede redactar una sonata mientras conversa sobre cualquier otro tema. Esto muestra -según los especialistas- un perfecto dominio sobre sus lóbulos cerebrales.

Su sistema de composición era interno: una vez que tenía la obra en la cabeza la transcribía, pero lo más extraordinario es que aun escribiendo con la pluma podía seguir componiendo con su mente. En una carta a su hermana le cuenta haber escrito un preludio y fuga. [Preludio es un modo de instrumentación musical y la fuga una forma de composición en donde en un momento determinado el tema principal desaparece, como si se hubiera fugado de la obra… ] le dice: “mientras iba anotando el preludio iba componiendo la fuga”.

Una de las canciones de la “Flauta Mágica” (su anteúltima ópera, al final de este post podemos escuchar una de sus más famosas arias desde la película de Ingmar Bergman ) la compuso mientras jugaba una partida de bolos. En los últimos meses de vida componía varias obras al unísono: La Flauta Mágica, La Clemencia de Tito (compuesta en sólo quince días), un quinteto, un concierto y el Requiem (misa de difuntos, que quedó inconclusa).

Su genialidad musical se completaba con una innata cualidad para las matemáticas, lo que quedó demostrado en su vals: “juego de dados musical

¿ Cómo pudo Mozart realizar tamañas proezas en el campo musical?

Dejémos que él mismo nos conteste.

“Poco puedo decir sobre esto, pues poco se de ello y poco puedo contar. Cuando estoy completamente solo, en mí mismo, y de buen humor; es decir, en un coche viajando o paseando después de una buena comida o durante la noche cuando no puedo dormir, es en esos momentos cuando mis ideas fluyen mejor y con mayor abundancia. De dónde y cómo vienen, no lo sé; ni puedo forzarlas a venir.

Aquellas ideas que me gustan las retengo en mi memoria y tengo la costumbre de tararearlas para mí. Y si sigo haciéndolo, pronto se me ocurre cómo debo darles vueltas o cómo he de trabajarlas para hacer con ellas un buen plato, es decir adoptándolas a las reglas del contrapunto, a las condiciones peculiares de los variados instrumentos. Así mi alma se va inflamando y si nada me distrae el tema se ensancha, se construye y se define y el conjunto, aunque sea largo, se presenta completo, acabado de todo en mi mente, tanto, que puedo contemplarlo en una sola mirada como una hermosa pintura, como una bella estatua. No he de oir, en mi imaginación, las partes sucesivamente, sino todas a la vez, juntas. No hay palabras para describir tanta delicia. Toda esta invención, toda esta creación, se realiza como en un placentero y amable sueño. Ni aun la audición real lo supera. Una vez que lo he imaginado todo, no lo olvido facilmente y este es, acaso, el mejor de los dones que he de agradecer al Divino Hacedor.”

En otra carta sigue con la explicación:

“Llegado el momento de escribir la obra, tomo del saco de mi memoria, si se me permite usar esta frase, lo que previamente era guardado en él. Por esta razón, el hecho de escribirlo en el papel es cosa fácil y rápida, pues ya está todo hecho y es muy raro que haya alguna diferencia entre lo escrito en el papel y lo que estaba en mi imaginación, en este trabajo no me importa que me distraigan, puedo escribir aunque estén yendo o viniendo a mi alrededor e inclusive puedo hablar. ”

Esto sería, quizás, la muestra de lo que puede abarcar el cerebro humano.

Un poco de música

A continuación, el aria más famosa de la Reina de la Noche (perteneciente a la ópera: “la flauta mágica”)

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